Tareck El Aissami

Notas

11.mar.2015 / 09:49 pm / Haga un comentario

Por Greg Grandin

Ayer, Barack Obama envió una carta al Congreso en la cual anunció que estaba aplicando la Ley de facultades económicas en casos de emergencia internacional a Venezuela, declarando que la “situación” allí es una “inusual y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos”. Washington nombró siete políticos venezolanos contra quienes se dirige la ley, cuyas propiedades en EE UU serían susceptibles a confiscación.

Es un paso serio tomado con lenguaje extraordinariamente fuerte (como lo notó el jefe de la Organización de Estados Americanos; “muy duras”, dijo). Reuters escribe: “Declarando cualquier país una amenaza a la seguridad es el primer paso en el inicio de un programa de sanciones estadounidenses. Se han seguido los mismos proceso en países como Irán y Siria, dijeron funcionarios estadounidenses.”

Dejen la ironía (pocas horas después de que un vocero del gobierno acusó a Venezuela de criticar a otras naciones para distraer de sus propios problemas, el senador Robert Menendez de Nueva Jersey, a quien están a punto de enjuiciar, aplaudió las sanciones), la hipocresía (olvídense de Arabia Saudita, piense en México o Colombia), y la exageración (¿una “amenaza extraordinaria”?) a un lado. Es difícil descifrar lo que la Casa Blanca quería lograr con esta movida. Logrará exactamente lo opuesto de su declarada intención de aislar a Caracas.

Dentro de Venezuela, le confirmará a muchos la validez de las acusaciones del presidente Nicolás Maduro de que Estados Unidos ha estado dirigiendo un golpe blando en contra de su gobierno. Uno no tiene que ser un comprometido chavista para apreciar la ironía, condenar la hipocresía o sentir repulsión por la exageración. Obama le acaba de tirar un salvavidas a Maduro.

Afuera de Venezuela, naciones latinoamericanas se enfurecerán por este intento de aplicar un régimen de sanciones, asociado con el desastre que Washington ha cometido en el Medio Oriente, en la región. Los más sospechosos entre ellos van a interpretar el acercamiento con Cuba como gato por liebre, un intento de usar la buena voluntad generada por el acercamiento para aislar y desestabilizar otros adversarios, usando su ventaja durante la caída en precios de materias primas que ha generado presiones en las economías latinoamericanas (la Alianza Tras Pacífica es parte de esta estrategia divisiva).

En los últimos meses, existía algún indicio que el apoyo a Venezuela de otros países suramericanos, como Brasil, estaba disminuyendo. En un ensayo publicado ayer pero probablemente escrito antes de la designación de amenaza, la revista “Time” argumentó que la decisión de Obama de “reiniciar relaciones con Cuba está teniendo un efecto secundario interesante: está ayudando aislar a Venezuela, el otro régimen izquierdista de línea dura en América Latina”. Daniel Wilkinson, director gerente de Americas Watch, el cual ha sido fuertemente critico de Venezuela desde al menos el 2008, dijo: “Hasta hace poco, la mayoría de los países en la región estaban reacios de hablar sobre Venezuela…. Si solo se trata de sanciones estadounidenses, y EE UU está actuando por su propia cuenta, entonces se hace mucho más fácil para que Venezuela juegue el papel de víctima. Por eso es muy importante que el gobierno de Estados Unidos trabaje con otros gobiernos democráticos en la región para que esto sea más como un colectivo”.

Asumo que esa cita la dio antes que la Casa Blanca siguió adelante y lo hizo “por su propia cuenta”.

La consecuencia más peligrosa de esta acción es que pone en peligro las negociaciones de paz en Colombia entre el gobierno y las FARC. En los últimos años, Colombia ha rechazado su designado papel de un Israel regional, lo cual ha decepcionado a los antichavistas. Su presidente, Juan Manuel Santos, se niega (a contraste con su predecesor, Álvaro Uribe) a jugar el papel de un Netanyahu andino. Santos sabe que una Venezuela estable, con buenas relaciones con Bogotá, es fundamental para acabar con el conflicto interno de Colombia. Como lo dice Rafat Ghotme, profesor colombiano de relaciones internacionales, “ambos presidentes se necesitan. Maduro necesita Colombia para legitimar la Revolución Bolivariana en un sistema regional. Y Santos necesita Venezuela porque es el actor externo principal que puede convencer a las FARC a continuar en el proceso de paz”.

Santos es un conservador que ha logrado un acercamiento entre Colombia y la región, estableciendo relaciones buenas y funcionales gobiernos de izquierda suramericanos. Recientemente, el presidente colombiano propuso convertir la masiva frontera colombiana-venezolana-brasileña en un corredor “ecológico de los más grandes del mundo que sería una contribución increíble para toda la humanidad para preservar nuestro ambiente y, en el caso de Colombia, preservar nuestra biodiversidad”. Claro, esto sería muy difícil en práctica, sino es que sea imposible. No obstante, funciona como una visión alternativa drástica a la realidad de una frontera EE UU – México que Washington ha convertido una marcha militarizada de muerte.

Un cínico podría decir que el propósito de la designación de amenaza no está dirigido contra Caracas, sino que está apuntado en contra de la asociación Colombia-Venezuela que se está formando para que Bogotá regrese al lado de Washington.

Venezuela está, sin duda, en crisis. Y la gente de buena voluntad pueda debatir si el origen de esa crisis es inherente en la Revolución Bolivariana o si es resultado de la reacción en contra. Caracas reprime la sociedad civil en cierto grado. Estados Unidos manipula la sociedad civil en países que considera como un problema. Dado que estas dos declaraciones son verdaderas, se requiere un poco de perspectiva.

En temas económicos, David Smilde, que vive en Caracas y dirige el blog Venezuelan Politics and Human Rights [la política y los derechos humanos venezolanos], suministra un poco. Esta es una entrada reciente: “Mi esposa y yo hicimos mercado anoche para una familia de cuatro en un supermercado de cadena en el este de Caracas. Había todo tipo de frutas y vegetales. También había abundante: queso, yogurt, embutidos, salchichas, tocineta, pan, pasta, galletas saladas, galletas dulces, nueces, vino, cerveza y aceite de soya. Del congelador de carne sacamos un buen lomo de cerdo y algunas chuletas de cerdo ahumadas…. Lo siguiente no estaba disponible: pollo, carne, leche, café, arroz, azúcar, aceite de maíz, detergente de ropa, jabón para vajilla, papel absorbente y papel higiénico”. Importantemente, Smilde menciona que un investigador le dijo que “la colección de data demuestra niveles más bajos de escasez en las casas que en las tiendas”. Aún más importante, “entre 2007 y 2012, niveles de escasez estables entre 10 y 20 por ciento coincidieron un incremento histórico en calorías y consumo de proteínas” (mi énfasis). En otras palabras, el pueblo bajo el chavismo está comiendo mejor y más saludable. La inflación es un problema serio, pero según Mark Weisbrot se puede resolver.

Con respecto a la represión política, en el vecino Colombia, el aliado de Washington bien financiado, ofrece un poco de perspectiva: está detrás de solo Siria en cuanto el número de personas desplazadas internamente, con 5,7 millones, según el Alto Comisario para Refugiados de las Naciones Unidas. Afrocolombianos y comunidades indígenas han “sufrido lo peor” de la represión que ha ocurrido desde que entró en vigencia el tratado de libre comercio entre Colombia y EE UU hace tres años, muchos de ellos a manos de paramilitares derechistas desmovilizados. Así como los sindicalistas.

¿Y a dónde van las victimas que no se quedan en el país? A Venezuela. La ACNUR, que ha escrito que “refugiados continúan a cruzar la frontera hacia la República Bolivariana de Venezuela con regularidad”, dice que los programas de integración de refugiados son “inspirantes”. Es “lo que se puede lograr cuando la ACNUR, sus socios y agencias gubernamentales venezolanas trabajan juntos para incluir a refugiados en las políticas públicas”.

¿Y qué hacen al menos algunos niños refugiados cuando están en Venezuela, según la ACNUR? Aprenden a tocar “Oda a la alegría” de Beethoven.

 

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